Hace millones de años, mucho antes de que la humanidad existiera, el Sol y la Luna vivieron la más bella historia de amor jamás conocida. Los Planetas, celosos por no poder enamorarse ellos, urdieron un plan para separar a los enamorados, conscientes de que necesitaban de ambos para su propia existencia. Crearon los diferentes mundos y vida en cada uno de ellos aunque alguna ya no exista seguros de que la generosidad de los enamorados pondría la responsabilidad por encima del amor que se profesaban.
El Sol y la Luna, rotos de dolor, decid
ieron poner fin a su historia de amor. Los Planetas, con su complot contra los enamorados habían logrado su propósito.
El Sol dejó de brillar durante un tiempo y con su furia creó las tormentas; lloró tanto que se formaron los océanos. La Luna, intentando consolarle y calmarle, creó las mareas para evitar que en los momentos de mayor furia del Sol se inundaran tierras y así salvaguardar la vida de los pobres humanos que ninguna culpa tenían.
El Sol, más fuerte y poderoso, decidió ocuparse del día, proporcionándonos luz, calor y energía para trabajar .La Luna, más sensible y soñadora, decidió ocuparse de la noche, tiempo de paz, de descanso y tiempo de amantes como ellos.
Cada día los enamorados disponían de unos breves instantes para estar juntos durante el tránsito de la noche al día, Al principio el Sol y la Luna se conformaron con esos breves, pero intensos momentos de felicidad compartida, pero pronto resultaron no ser suficientes. El Sol no podía vivir sin el amor de su amada Luna. La separación de los amantes había creado el día y la noche pero su sufrimiento creó el agua, el viento, las nubes, el frío, el calor, la niebla, la nieve y la lluvia; todos ellos, agradecidos, se consideraron en deuda con ellos y decidieron ayudarles. No era justo que tuvieran que renunciar a su amor por la envidia de los Planetas.
Así nacieron las estaciones del año. Durante el invierno, el Sol y la Luna vivirían felices su amor y el viento, el agua, la nieve, todas las inclemencias creadas por su dolor trabajarían juntas para despistar y engañar a los Planetas y así explicar la ausencia de los enamorados. En primavera, los amantes, poco a poco, volverían a sus obligaciones aunque aún tendrían tiempo de continuar disfrutando de sus momentos de pasión. En verano, los amantes estarían separados y se dedicarían a hacer felices los días de los pobres mortales que, como ellos mismos, habían sido injustamente castigados por la envidia de los Planetas. Por fín, en otoño, el Sol y la Luna irían descargándose de sus obligaciones para, llegado el
invierno, disfrutar de nuevo de su amor.Pero, no os creáis, el Sol y la Luna, aunque se aman profundamente, también se enfadan, cuando eso sucede y hacen las paces, un precioso arco iris cubre el cielo.
El Sol y la Luna, rotos de dolor, decid
ieron poner fin a su historia de amor. Los Planetas, con su complot contra los enamorados habían logrado su propósito.El Sol dejó de brillar durante un tiempo y con su furia creó las tormentas; lloró tanto que se formaron los océanos. La Luna, intentando consolarle y calmarle, creó las mareas para evitar que en los momentos de mayor furia del Sol se inundaran tierras y así salvaguardar la vida de los pobres humanos que ninguna culpa tenían.
El Sol, más fuerte y poderoso, decidió ocuparse del día, proporcionándonos luz, calor y energía para trabajar .La Luna, más sensible y soñadora, decidió ocuparse de la noche, tiempo de paz, de descanso y tiempo de amantes como ellos.
Cada día los enamorados disponían de unos breves instantes para estar juntos durante el tránsito de la noche al día, Al principio el Sol y la Luna se conformaron con esos breves, pero intensos momentos de felicidad compartida, pero pronto resultaron no ser suficientes. El Sol no podía vivir sin el amor de su amada Luna. La separación de los amantes había creado el día y la noche pero su sufrimiento creó el agua, el viento, las nubes, el frío, el calor, la niebla, la nieve y la lluvia; todos ellos, agradecidos, se consideraron en deuda con ellos y decidieron ayudarles. No era justo que tuvieran que renunciar a su amor por la envidia de los Planetas.
Así nacieron las estaciones del año. Durante el invierno, el Sol y la Luna vivirían felices su amor y el viento, el agua, la nieve, todas las inclemencias creadas por su dolor trabajarían juntas para despistar y engañar a los Planetas y así explicar la ausencia de los enamorados. En primavera, los amantes, poco a poco, volverían a sus obligaciones aunque aún tendrían tiempo de continuar disfrutando de sus momentos de pasión. En verano, los amantes estarían separados y se dedicarían a hacer felices los días de los pobres mortales que, como ellos mismos, habían sido injustamente castigados por la envidia de los Planetas. Por fín, en otoño, el Sol y la Luna irían descargándose de sus obligaciones para, llegado el
invierno, disfrutar de nuevo de su amor.Pero, no os creáis, el Sol y la Luna, aunque se aman profundamente, también se enfadan, cuando eso sucede y hacen las paces, un precioso arco iris cubre el cielo.
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