martes, 19 de octubre de 2010

Eloisa y Abelardo..Otra historia de amor bonita pero tragica

Yo mientras no me quitaran la vida hubiera seguido a su lado..


Abelardo fue un joven y famoso teólogo francés del siglo XII, profesor de la catedral de Notre Dame, en París. Fulberto, el canónigo de la catedral, lo contrató para que diera clases privadas a su hermosa sobrina Eloísa, quien contrario a la costumbre de una época en que las mujeres no iban a la escuela, a los 17 años de edad sabía teología, filosofía, griego, hebreo y latín.

Además de la práctica de la enseñanza, Abelardo se dedicó a la música, componiendo en lenguaje sencillo y usando lengua romance canciones que solazaban extraordinariamente a las damas y divertían a los estudiantes.

Cometieron el error de enamorarse, a pesar de los planes del tío de Eloísa de casarla con un importante aristócrata. Mantienen su relación en secreto entre los años 1117 y 1119. El escándalo estalla al saberse que Eloísa espera un hijo. Abelardo secuestra a Eloísa y la lleva a casa de su hermana en Le Pallet donde tuvieron un hijo al que llamaron Astrolabio.

El tío de Eloísa no pudo perdonar a Abelardo, a quien acusaba de seducción y sabiendo Abelardo que iba a vengarse envió a Eloísa al monasterio de Argenteuil. Para vengarse, este funcionario eclesiástico contrató a un grupo de matones. Entraron de noche a la casa de Abelardo y mientras dormía, fue castrado. El criado y otro de los agresores fueron presos y castigados con igual mutilación, en tanto que el canónigo Fulberto fue desterrado de París y se le confiscaron todos su bienes. Abelardo, humillado, se esconde durante un tiempo en Saint-Denis como monje, y manda a Eloísa hacerse monja en Argenteuil.

Abelardo comenzó a sumirse en una gran depresión. Miraba en el espejo y veía una abominación, un ser despreciable, algo así como la mitad de un hombre. Eloísa, joven aún, protestaba ante el mundo y ante Dios; se negaba a aceptar esta pavorosa mutilación de su amado y dulcemente le repetía que seguiría queriéndolo toda la vida. Abelardo, finalmente, decidió meterse a monje, a pesar de las protestas de su bella mujer: no tenía sentido permanecer en el mundo.

Esta es la historia de amor de Abelardo y Eloísa, aunque a ella no le quedó más remedio que meterse a monja también, pasó el resto de su vida desesperadamente enamorada de Abelardo. Nunca dejó de amarlo. Tampoco perdonó jamás a su tío, ni a la iglesia, ni a Dios, por la cruel mutilación que le había robado la felicidad. Abelardo más o menos se resignó, se adormeció, llegó a afirmar que su tragedia era un merecido castigo divino: había pecado con Eloísa. A Eloísa, en cambio, le ocurrió lo contrario: cada día se sentía más rebelde contra el mundo y crecía más su angustia. Sus cartas reflejan la desolación de una mujer atormentada hasta el final de sus días. Dice la leyenda que Eloísa, monja y abadesa de su convento, murió maldiciendo a Dios: nunca se resignó a vivir sin su amado Abelardo.

En 1142 muere Abelardo y 22 años después Eloísa , a la muerte de Eloísa y a su pedido, fueron enterrados juntos y prueba de ello, desde 1817 sus cuerpos descansan juntos en un mausoleo parisino de Pêre-Lachaise.

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